Sirena encalladura (Cuento acostumbrado) ® Chiquipedia

Sirena varada

Indican que no hace un buen tiempo, un joven marinero partió como cada porvenir rumbo al mar en pos de peces, a costado de su vieja, mas resistente bajel. Después de múltiples horas carente conseguir apresar presa alguna en sus redes, el marino se quedó dormido a plena luz del día, y tras unos minutos, despertó con desbarajuste para cerciorarse que se había apartado mucho de el puerto.

Una vez llegada la barco a el canto, el joven apreció que apenas podía empujarla cara el albero. Al buscar a través de las redes echadas al mar, pudo confirmar con gran admiración que en se hallaba atrapada una extraña criatura que continuaba inconsciente. A primera vista, parecía una mujer de pelos dorados y brillantes, pero lo más extraño era que no tenía pies, sino más bien una cola de pez que se movía a la merced de las olas.

Después de recoger las redes y asentarse sobre el campo, el joven quedó un buen momento observando la apariencia fino de la mujer, sus manos, sus ojos cerrados, su piel tan frágil, y desprovisto atreverse a despertarla, decidió retornar con a casa cuanto antes. En el momento en que el marino arribó con la enigmática chica en sus brazos, y en el momento que al fin la acomodó en su humilde hamaca, esta abrió los ojos.

“Soy una sirena” – afirmó la criatura con una aullido melodiosa y dulce fijando sus hermosos ojos verdes en la mirada estupefacta del marino. Desde ese momento, el mozuelo no hizo otra ente que dedicarse a su primicia compañera, y pero salía a atrapar como siempre cada porvenir, eternamente retornaba acelerado a casa para encontrarse con la sirena y ayudar juntos el botín de peces. En las tardes, el marino la bañaba con linfa de mar a fin de que no perdiese su belleza, y en las noches, entonaba bellas armonías inclusive quedar dormidos uno al lado del distinto.

Transcurrido un tiempo, bastantes personas asistían a la pequeña casa del marinero para conocer a la bella sirena, e inclusive, no faltaron personas aprovechadas que procuraron llevársela. Primero fue un monitor de coliseo, entonces un cabeza de zoológico, y después, un excéntrico coleccionista. El marino recibía ofertas de dinero bastante tentativas, mas nunca cedió gamuza ninguna proposición, luego para , ayudar su vida con la sirena era lo más fantástico del planeta.

Cierta porvenir en que la sirena se hallaba descansando a el defecto, el marino apreció que su hermosa amada no se sentía bien, y al preguntarle el motivo de su amargura, esta le respondió: “He pasado buenísimos instantes junto a ti, mas me invade una melancolía profunda por visitar el mar y reunirme con mi casta. Quizá pudieses asistirme”.

Al principio, el marino se negó tajantemente a separarse de la sirena, mas al ver que su melancolía iba en acentuación, no tuvo ajeno antídoto que levantarse bien temprano en el futuro y marchar así como cara el mar. Tras un largo lapso navegando, el marino se quedó dormido, y al despertar, tuvo una enorme abatimiento en su corazón, por consiguiente la sirena hoy no se hallaba en su batel, sino se había deslizado cara el mar para no regresar jamás más.

Desde ese instante, el quebranto del joven marinero fue cada vez deficiente. Hoy no salía temprano en las mañanas ni se incordiaba en tirar sus redes al mar en pos de peces. Tan amargado andaba el desdichado, que únicamente tenía fuerzas para callejear el acantilado en pos de su amada, y de esta manera quedaba mientras horas mirando el confín, cantando las canciones que le obsequiaba cada oscuridad. Las personas que habitaban el sitio sentían mucha compasión por el marinero, e inclusive, ciertas se atrevían a decir que este había perdido por completo la razón.

¡Carente marinero! ¡Qué desdicha el afición! – exclamaban grandes y chicos en el tiempo que pasaban empalizada del mar y contemplaban al mozuelo afectuoso caminando de un lado al distinto de el extremo. De este modo, un día después de de distinto, llegaron a pasar cinco años de ansiedad, y mientras todo ese ciclo, el marino jamás volvió a tener noticias de la sirena.

Cegado por la luz del sol y escuálido de no comer, un buen día, el marinero recuperó la fama en sus ojos en el tiempo que divisó a lo allí una extraña figura que se movía en medio de las olas. La enigmática borde se aproximaba poco a poco más a el puerto, mas el joven no podía saber si se trataba de un pez gigante o bien una bajel a el alejamiento. En el tiempo que al fin estuvo suficientemente valla, el marinero levantó sus brazos al cielo y dibujó una enclenque risita en sus labios. ¡Era la sirena! Su bella amada de pelos dorados volvía a su encuentro, y en el momento que al fin se abrazaron rodeados de espuma, la chavala le comentó:

“He venido a llevarte conmigo. En el fondo del mar vamos a poder vivir demasiado felices inclusive el fin de los días”. Escaso, y pese a su ilusión, el marinero sabía que nunca podría irse a vivir a las profundidades del mar, mas su amada le descubrió un secreto fantástico que ningún humano sobre el cultivo conocía, y es que, si una mujer consigue tocar los labios de una sirena, va a poder respirar bajo el linfa por siempre.

De este modo fue que, sumidos en un largo y profundo besuqueo, los dos amantes consiguieron entrar en las aguas del mar y desaparecer del planeta para vivir felices por el resto de sus días. Las personas del sitio, jamás más volvieron a saber del joven, determinado indican que se ahogó en el mar, otros aseguran que partió en su barcaza y desapareció en el distancia, mas ya sabes la auténtica historia del marino y la sirena encalladura.

¡Comparte, aprende y diviértete!Share on FacebookShare on Google+Pin on PinterestTweet about this on TwitterEmail this to someoneCalificación: 4.2/5 (97 votos).

Asimismo te interesará:

Caperucita RojaCaperucita RojaEl gato con botasEl gato con botasEl gigante egoístaEl gigante acaparadorEl Jorobado de Notre DameEl Corcovado de Notre DameEl mago de OzEl mago de OzEl patito feoEl pato feoEl soldadito de plomoEl soldadito de plomoGarbancitoGarbancitoHansel y GretelHansel y GretelJuan sin miedoJuan desprovisto temorLa bella durmienteLa hermosa yacenteLa bella y la bestiaLa preciosa y la bestiaRapunzelRapunzelLas zapatillas rojasLas zapatillas rojasLos tres cerditosLos terceto cerdosPiel de asnoPiel de asnoPinochoPinochoPlatero y yoArtífice y PulgarcitoPulgarcitoSimbad el marinoSimbad el marinoEnvía un comentario

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *